Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia en 2016, periodistas y académicos han intentado explicar su auge centrándose en la desinformación, las fake news y el supuesto engaño masivo a sus votantes. Sin embargo, esta narrativa simplista ha demostrado ser insuficiente para abordar la complejidad del fenómeno. El periodismo y la academia deben adoptar un enfoque más profundo: los estudios sobre la derecha.

El problema con la obsesión por la desinformación

La desinformación como síntoma, no como causa: La idea de que los votantes de Trump son “engañados” por fake news subestima sus valores e intereses reales. La desinformación se presenta como un problema técnico, evitando las raíces culturales y sociales de los conflictos políticos.

Pretender que los hechos son objetivos y neutrales ignora que la verdad siempre está sujeta a interpretación y contexto.

El sesgo del ‘empirismo liberal’: Al insistir en que “los hechos tienen un sesgo liberal,” el periodismo ha cedido el terreno de la narrativa a la derecha. Ignorar cómo los conservadores interpretan el mundo refuerza su desconfianza hacia los medios y la academia.

La propuesta: estudios sobre la derecha

¿Qué son los estudios sobre la derecha? Un enfoque interdisciplinario que busca entender los valores, intereses y narrativas de los movimientos conservadores, sin validarlos, pero sí analizándolos para proponer estrategias que confronten su visión del mundo.

Comprender su perspectiva: Estudiar cómo los votantes de Trump entienden la realidad, sus prioridades culturales y económicas, y cómo perciben la democracia y el gobierno. Identificar contradicciones internas: Analizar las tensiones y divisiones dentro de la coalición conservadora. Ejemplo: Las divergencias en ‘Project este año’ sobre el alcance del poder gubernamental. Construir narrativas alternativas: Presentar visiones de la realidad más convincentes que las ofrecidas por los medios de derecha y Trump.

Cómo puede aplicarse en el periodismo

Ir más allá de la verificación de hechos: Reconocer que los hechos, por sí solos, no persuaden; necesitan ser integrados en narrativas que conecten emocional y culturalmente con las audiencias. Explotar divisiones dentro de la derecha: Reportar sobre las tensiones entre distintas facciones conservadoras, fomentando debates internos que dificulten su unidad. Ejemplo: Enfrentar las prioridades de libertarios contra las de conservadores religiosos. Analizar las condiciones sociales: Investigar por qué grandes sectores de la población consideran irrelevante el empirismo periodístico tradicional. Desarrollar narrativas proactivas: No solo reaccionar a las narrativas de la derecha, sino crear historias que reflejen una visión de la realidad más inclusiva y esperanzadora.

El papel de los académicos y periodistas

Abandonar la neutralidad aparente: Aceptar que el conocimiento es inherentemente político y que los medios y la academia influyen en las dinámicas de poder. Reconocer la construcción social de la realidad: La derecha entiende que la realidad no es fija, sino moldeada cultural y políticamente. Es hora de que periodistas y académicos actúen en consecuencia. Inversiones en investigaciones críticas: Financiar estudios sobre los movimientos conservadores para generar análisis más profundos y matizados.

Conclusión: redefiniendo el periodismo y la academia

La lucha por la verdad no se ganará insistiendo en la neutralidad de los hechos, sino entendiendo cómo las narrativas moldean la percepción de la realidad. Al adoptar los estudios sobre la derecha, el periodismo y la academia pueden enfrentar los desafíos políticos actuales con estrategias más efectivas y narrativas que ofrezcan una visión más convincente y cohesionada para el futuro. El tiempo de los estudios sobre la derecha no solo ha llegado, sino que es imprescindible para construir un periodismo que sea relevante y transformador y más allá.